Asia oriental destaca en los planos económico, político y cultural. También en Occidente se toma una conciencia nueva de “Oriente”. Allí se analiza que existen diferencias fundamentales entre las civilizaciones y el pensamiento filosófico de Oriente y Occidente, y que esas diferencias se prolongan desde hace milenios.
Los psicólogos defienden la universalidad, un concepto que abarca a la humanidad entera, pero muchos investigadores proponen desde hace poco una mirada nueva: Occidente (Europa y Estados Unidos, con Australia, Canadá y Nueva Zelanda) y Asia oriental (China, Corea, Japón, etc.) han conservado durante milenios sistemas de pensamiento muy distintos.3
Consideran que Asia oriental formó ya hace 2500 años un ámbito de civilización distinto del de Occidente, y que, a escala de las civilizaciones, Oriente tiene aproximadamente el doble de habitantes que Occidente.
En el mundo, más de mil millones de personas siguen el sistema de pensamiento de la antigua Grecia, mientras que más de dos mil millones han heredado tradicionalmente el sistema de pensamiento de la antigua China. Los sistemas de pensamiento griego y chino se fundaron ya hace 2500 años sobre el análisis y la construcción filosóficos. Las dos civilizaciones tienen sistemas filosóficos muy distintos, y difieren también en sus estructuras sociales y en la manera de mirarse a sí mismas.4
Asia oriental ocupa un lugar importante en el sistema de las civilizaciones del mundo. Ya hacia el siglo III a. C., Occidente y Oriente habían formado sistemas culturales muy distintos. Wells presenta un mapa, “El mundo que conocíamos en el 250 a. C.”, acompañado de un comentario.5 En aquella época, el continente euroasiático y el norte de África constituían todo el mundo conocido por los hombres. En cuanto a civilizaciones, se repartía entre Oriente y Occidente.

El mundo conocido por los occidentales comprendía Europa, el norte de África, Oriente Medio y la India. El mundo conocido por los orientales comprendía China, Corea y Japón.6 Estas dos civilizaciones se desarrollaron cada una por su lado, sin vínculo cultural entre ellas. ¿En qué se diferencian?
El ser humano es el único animal dotado de mente. Por tener mente, el ser humano llega a preguntarse quiénes somos. ¿De dónde venimos y adónde vamos? Para responder a estas preguntas, el ser humano emprende la búsqueda de la verdad absoluta (Absolute Truth). Oriente encontró la verdad absoluta en “el Dao (道) de la naturaleza”. Occidente la encontró en un “Dios (神) trascendente”. El Dao y Dios son las dos únicas verdades absolutas que existen en el mundo, y representan una la naturaleza y la otra lo sobrenatural. Así, el concepto que separa más hondamente a Oriente de Occidente es el del Dao de Oriente y el Dios de Occidente. Estos llegarán a ser la filosofía natural de Oriente y la religión revelada de Occidente.
Estas dos verdades absolutas, el Dao y Dios, se exponen respectivamente en el Daodejing y en la Torá (el Pentateuco del Antiguo Testamento). Ambos sitúan en el origen de la naturaleza y del universo los mismos dos términos: el no-ser (無) y el ser (有). En términos cosmológicos, la cuestión es cuál de los dos, el espacio o los astros, constituye el universo. Según el Daodejing y la Torá, el Dao toma el no-ser como origen del universo, y Dios, el ser. Una vez fijado ese origen, se resuelven a partir de él las cuestiones centrales: cuáles son los principios de la naturaleza y del universo. Si uno se representa un universo donde el espacio y los astros se convierten el uno en el otro y se transforman, una “filosofía del cambio” entre el no-ser y el ser se convierte en el principio del universo: así ocurrió en Oriente. Si uno se representa un pensamiento en el que solo los astros tienen existencia verdadera, una “filosofía del ser”, según la cual solo el ser existe, se convierte en el principio del universo: así ocurrió en Occidente.
El origen y los principios que el ser humano atribuye al universo se prolongan con naturalidad en el origen y los principios de los asuntos humanos en los que actúa. En Oriente, el origen de los asuntos humanos es la no acción (wuwei, 無爲), centrada en el no-ser; en Occidente, es la acción (youwei, 有爲), que tiene el ser por esencial. La no acción se explica en el Daodejing como la fuente del obrar del Dao; la acción se expresa en las religiones reveladas como la ley de Dios. El principio del universo oriental, la filosofía del cambio, se convierte en los asuntos humanos de Oriente en el “pensamiento del yin y el yang”, siempre cambiante; el origen del universo occidental, la filosofía del ser, se convierte en los asuntos humanos de Occidente en el “pensamiento del bien y el mal”, inmutable. Estas cuestiones del universo y de los asuntos humanos forman el núcleo de las civilizaciones de Oriente y Occidente. En su centro, como su eje, se hallan el Dao de Oriente y el Dios de Occidente.